| diariolibre.com 05 de marzo del 2010 |
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El dinero acumulado en las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), que ronda ya los 100,000 millones de pesos, es como un gran imán que ejerce su atracción en todo su alrededor.
El gobierno desea ofrecerle bonos, el sector vivienda quiere que se invierta en títulos hipotecarios, el Banco Central le vende certificados, los bancos manejan una parte y empresas desearían colocarle valores.
¿Es eso malo o bueno?
En una columna anterior expresamos que el sistema de pensiones adoptado por la RD, basado en cuentas individuales para cada trabajador en una AFP, resuelve las deficiencias del mecanismo colectivo antes vigente, pero tiene la característica de que el monto de la pensión es indefinido y dependerá de lo que se haya acumulado en la cuenta durante los años previos al retiro.
Interesa al empleado, por lo tanto, que su fondo sea invertido con la mayor rentabilidad posible.
De hecho, dado que pueden cambiar de AFP, sería de esperar que los trabajadores estuvieran muy pendientes de la rentabilidad que cada AFP está obteniendo, para trasladar su cuenta a aquella que, en igualdad de condiciones de seguridad, pueda darle el mejor rendimiento a su dinero.
Y sería de esperar que las AFPs estuvieran promocionándose en base a dichos rendimientos y a su habilidad de combinar seguridad y rentabilidad.
Pero no ha sido así. Los traslados han sido mínimos. Y las alternativas de inversión son tan limitadas que las AFPs no han podido demostrar sus destrezas administrativas y competir en base a ellas.
La rentabilidad nominal anual a diciembre del 2009 en las cuatro AFP mayores fue casi la misma, todas entre 13.77% y 14.60%.
De ahí que beneficia al empleado que se amplíe el abanico de inversiones autorizadas, sean bonos públicos, títulos hipotecarios u otros tipos de valores, siempre que se deje a cada AFP en libertad de decidir si invierte en ellos o no.
gvolmar@diariolibre.com
De Gustavo Volmar
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