Una pequeña compañía inglesa ya comenzó a perforar el primer pozo petrolero exploratorio en las islas Malvinas y el gobierno argentino poco puede hacer al respecto.
Cuando Argentina invadió las islas en 1982 la derrota que sufrió marcó el fin de la dictadura militar.
A pesar de ocupar las islas con sus tropas y de tener una evidente ventaja logística por su cercanía, Argentina no pudo evitar que fuerzas navales inglesas las recapturaran e hicieran prisioneros a sus soldados.
La rendición se produjo a los dos meses de iniciado el conflicto.
Como desde ese entonces la superioridad militar inglesa se ha acrecentado, el gobierno argentino ha declarado que descarta cualquier acción de fuerza. Ha preferido llevar el caso a la OEA, las Naciones Unidas y otros foros internacionales.
En 1982 algunos países latinoamericanos, Perú entre ellos, ofrecieron tropas en apoyo de Argentina, pero el respaldo que otros dieron, en especial Brasil, fue muy tímido.
Había una guerra de por medio, pero ahora que no la hay, cuando todo se limita al plano diplomático, es mucho más fácil brindar apoyo retórico, como acaban de hacer los presidentes de América Latina en su reunión en México.
Las relaciones con Inglaterra continuarán como si nada estuviera pasando.
El pozo de exploración, que tendrá unos 3,500 metros de profundidad, está en el mar, a unos cien kilómetros de las islas, y tomará un mes en ser perforado.
Otros seis pozos están planeados para el resto de este año.
Algunos estimados indican que en torno a las islas podría haber más de sesenta mil millones de barriles de petróleo, equivalente a los mayores yacimientos en Arabia Saudita, pero las grandes compañías, como la Shell, no creen que eso sea cierto.
El conflicto con Inglaterra puede ayudar al gobierno argentino, si logra distraer la opinión pública de los graves problemas económicos del país.
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