| diariolibre.com 16 de febrero del 2010 |
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Si un terremoto devastara la ciudad de Santo Domingo y parte de la zona sur del país, sin afectar seriamente a la región este o a la costa norte, los turistas podrían seguir llegando a Bávaro, Punta Cana, Samaná, Puerto Plata y otros lugares, disfrutar sus vacaciones de forma habitual, y retornar luego a sus países de origen.
¿Sería correcto que mientras en la capital se estuviera sufriendo, en esos polos turísticos se estuviera festejando como si nada hubiera ocurrido?
En el primer mes de la tragedia, esa pregunta se ha planteado en Haití. La empresa Royal Caribbean, por ejemplo, sigue operando su "resort" privado en Labadee, en la costa norte, con cinco bellas playas y una península cubierta de árboles que contrastan con la deforestación del país.
Sus grandes buques llegan cargados de turistas, quienes disfrutan de espectáculos, comidas, bebidas, bailes, sol, natación, exploraciones submarinas, artesanías y deportes, atendidos por haitianos instruidos para estar siempre sonrientes y solícitos.
Lo que los turistas no hacen es salir de allí, pues el lugar opera como un enclave segregado, rodeado de una fuerte seguridad.
Recién ocurrida la tragedia en Puerto Príncipe, apenas unos cien kilómetros al sur, Royal Caribbean decidió proseguir con sus cruceros.
Ante las críticas que esa decisión provocó, la empresa donó un millón de dólares y las ganancias de un día de sus operaciones en Haití, dijo que sus barcos transportarían alimentos, agua y otros tipos de ayuda, y expresó que suspender sus operaciones sólo agravaría la situación del país.
Desde ese ángulo, ese argumento es evidentemente correcto.
La compañía calcula que la operación del enclave beneficia unas 500 personas de poblados cercanos y dice que tiene algo más de 200 empleados haitianos.
No dijo cuántos de esos empleados han perdido familiares y amigos en Puerto Príncipe.
gvolmar@diariolibre.com
De Gustavo Volmar
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