Durante las primeras dos décadas posteriores a la segunda guerra mundial, Japón se distinguió por sus productos de bajo precio y mala calidad. Esa reputación cambió radicalmente después, pasando a ser un ejemplo de eficiencia industrial, agresividad comercial y confiabilidad en cuanto a sus normas de producción.
A lo largo de ese proceso, la compañía Toyota ha sido la joya del desarrollo japonés, símbolo de avance tecnológico y objeto de orgullo nacional. Es la empresa más grande de Japón y desplazó a General Motors como el mayor fabricante automotriz del mundo. Como le iba a Toyota, le iba a Japón, y le estaba yendo muy bien.
Esto puede cambiar ahora.
Toyota está retirando, para fines de reparación, unos ocho millones de vehículos vendidos en Estados Unidos, Europa y China, por causa de varios defectos, entre ellos uno que puede acelerar el vehículo sin intervención del conductor.
La compañía suspendió las ventas de vehículos en los EE.UU., detuvo la producción de ocho modelos, incluyendo el Camry, y la Cámara de Representantes iniciará una investigación al respecto.
Pero Toyota no es sólo una empresa japonesa. Es un conglomerado internacional, con plantas en muchos países y cientos de suplidores por todo el mundo. Sus problemas, por lo tanto, no quedarán limitados al Japón.
De hecho, Japón pudiera terminar beneficiado, si las fallas técnicas se deben a piezas adquiridas de suplidores no japoneses, ya que de ser así la empresa podría decidir cancelar esos contratos y usar piezas japonesas. Esa decisión, sin embargo, podría hacer subir sus costos de producción, reduciendo su competitividad frente a otros fabricantes.
Los vehículos Toyota son los de mayor venta en la RD, reconocidos por su calidad y por su elevado valor de reventa. Aún no se conoce la incidencia de los defectos técnicos en los modelos en circulación en el país.
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