A propósito de la Semana Santa conviene recordar que a lo largo de la historia, y en todas las religiones, han existido lugares que por una razón u otra adquieren el carácter de "sagrados".
Pueden ser sitios en que hayan ocurrido milagros, como Lourdes, en Francia o Fátima, en Portugal. O donde se ofrecían predicciones, como el Oráculo en Delfos, en la antigua Grecia. O bien puntos en los que ocurrieron hechos memorables, como Jerusalén y La Meca. Quizás también lugares relacionados con narraciones mitológicas, o que podrían ser objetos sagrados por sí mismos, como el río Ganges en la India.
Las peregrinaciones a esos lugares han ocurrido siempre, siguen siendo populares y continúan teniendo gran importancia económica. Hay localidades cuya fuente principal de ingresos es la actividad religiosa en torno a algún santuario, monumento o reliquia.
En algunas de ellas la actividad ocurre durante todo el año, mientras que en otras se concentra alrededor de determinadas fechas, como ocurre en las festividades hindúes y budistas.
Hoteles, posadas, albergues y restaurantes. Fabricantes y vendedores de medallas, amuletos, ornamentos, libros, folletos y recordatorios. Empacadores y envasadores de agua y comestibles. Guías, predicadores, escritores e historiadores. Transportistas y agencias de viajes. Monasterios, tumbas e iglesias. Todos ellos son impactados por la economía de la actividad religiosa.
La crisis económica internacional debe afectar estas actividades. Sin embargo, puede ser que la propia crisis haga que las personas busquen refugio en ellas. Aunque se han reportado bajas en EE.UU., Japón y Europa, hasta ahora la recesión parece haber afectado sólo a los lugares que más dependen de visitantes extranjeros, debido al costo del transporte.
En la RD no parece que las visitas a Higüey y el Santo Cerro hayan sido afectadas.
gvolmar@diariolibre.com